El amor es…

Como todo el mundo sabe, el amor es algo que:

  • Nace sin que uno se dé cuenta (aunque nunca hayas intercambiado una palabra con la otra persona).
  • Ataca los nervios (incluso cuando ya te has estado con alguien)
  • Marca un antes y un después (porque una segunda cita puede suponer el inicio de algo más o el inicio del fin)
  • Implica conocer a más personas (incluidos, entre ellos, tu posible familia política)
  • Cambia la vida (sobre todo cuando decides compartirla con esa persona)
  • Se vuelve monótono (y es entonces cuando hay que salir de la rutina, como sea)
  • Se acaba (y duele; siempre duele) 
  • A veces vuelve a llevarnos a una persona a la que dejamos escapar (porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿no?)

Cerrando círculos

El poeta, invadido por la pregunta constante que atañe su andar y que muestra en su obra, reposa en un banco de cristal, escribe y aún no encuentra respuestas.

Al parecer otro amanecer lo invade la alegria, que es opacada por un solo comentario, “…más siempre me ha interesado en ti que tú estés contigo…”, palabras sabias de un ser que, al parecer, juega la broma de querer.

Simple el razonamiento expresado, pero más profundo de lo que quisiera notar o de lo que debiera importar.

¿a que le teme de verdad, al ser encontrado o ha encontarse a sí mismo?

La carga que lleva sobre los hombros es más pesada ahora, porque en esta ocasión es la propia, es darle el valor a las cosas que lo tienen, es creer y confiar que son tan y más valiosas de lo que pueden expresar, pero, sobre todo, al ACEPTARLO tal cual es.

Ser una persona de la que se puede enamorar no es tan simple como se escucha, porque ese valor es el que más miedo da, es la frustración que minoriza el minimo intento, es dar la batalla por perdida.

Pero esto es sólo una reflexión, un recuerdo melancólico que trae un nuevo día.

Carta 1

Perdóname, por pensar en ti a pesar de estar tan lejos, a pesar de haber desaparecido, por haber dejado una huella profunda en mi corazón.

Perdóname por gritar que te quiero demasiado, por salir corriendo a la ventana cuando no puedo saber de ti.

Perdóname por olvidar tus labios, porque prometí cambiar mis defectos y hacerlos hechos, por no poder enamorarte.

Sacare, como una espina, lo estupida que sueno al no decir que me muero por estar a tu lado, y también por saber que no puedo estar contigo.

Que lastima pensar que fuiste el final de el cielo al que no le entrego una mirada, que lastima que ahora solo hay lluvia de estrellas y no de sueños, que lastima que no precisé la mecánica del corazón.

Pero, cuando uno es sólo la consecuencia de la avaricia de otro ser, no hay que dejarse llevar por la necesidad de soledad.

Volverás? No lo sé, no tengo el tiempo para descubrirlo, no puedo volar hacia abajo, no puedo mentirme que me amas para no sentirme solo; lo mejor de perderte es no tener que lastimarme, por no poder reír, por no ser feliz con quien me ame.

Intente hacer todo de mi parte para brindar por mis desastes, para compartir mis lagrimas, pero ellas solo son el grito desesperado de ser notada, de pasar desapercibida ante tus ojos, de que me quieras con tu desprecio, de que jamás vuelvas conmigo.

La magia está por alumbrar mi vida, o cuando menos eso es lo que yo espero, porque sólo la paz de una voz me hace inventar paraísos, creer en hadas, en pegasos, en llegar a algún lugar donde pueda olvidar respirar.

… y esa voz, solo la escucho al soñar.

 

Sin Titulo

Ayer,

cuando mentías sobre mis brazos,

descubrí que no amaba como decía hacerlo.

Ayer,

cuando bese tus ojos

les quite el brillo de un futuro encuentro.

Ayer,

al verme atada a ti

corrí en silencio hacia la oscuridad

de mi amorfa figura.

Hoy,

al salir la primera lagrima del cielo

aprendí que sigo en soledad, sola

y sin pertenecer a esta gran roca.

Hoy,

al cambiar mi pensamiento,

al aceptar mi desdicha,

mi falta de cariño,

he aceptado cuanto me hace falta

la compañía de …

… de otro ser como yo.

YADIAM

Descubriendo

 
 
Hoy, después de llorar más de lo que he reído, he desgarrado un poco más mi ser.
Será acaso por la lucha de poder que hay con aquel candil que alumbra el camino de un pequeño león, pero que ha quemado mordazmente a una niña que sólo intentaba jugar.

Por otra parte, la bestia más temida por los seres morfos se  ha agachado ante una gota de café y le ha pedido ayuda, porque no encuentra con quien más desbalagar.

Un indefenso ronroneo ha despertado los bigotes de un ratón, las orejas de un conejo y las lagrimas de un oso dormilón, que apenas ayer se cubrían de algodón.
La temida oscuridad me ha permitido aclarar un poco más los ojos de la realidad, pero para que necesito el sol y la eternidad.
Sí la felpa besara…
 

No es que muera de amor…

" Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos."

                                                    

                                                                  JAIME SABINES

Autentica

El ver los faros de una cascada de alegría me recuerda que no estoy sola, que rodeada de gente que ni conozco ni me conoce, me siento acompañada, porque entiendo la agonía de lo que me hace sonreír.

 

El inmenso arroyo que recorre mi cintura me hace libre, quieta ante una flor y voraz ante la incontenible montaña que trata de arrollarme con los rayos del sol que sobresalen de lo alto de la misma.

 

Ante los sueños, surge la duda de lo que piso, lo que me hace andar sobre el agua y traspasar el arcoíris de flores rotas que terminan por llorar gotitas de miel sabor chocolate.